domingo, marzo 29
Home>>Actualidad>>Horacio Ferrer, gran poeta del tango
Actualidad

Horacio Ferrer, gran poeta del tango

Horacio Ferrer vestía siempre y en todo momento pajarita, vivía en una habitación de uno de los hoteles más suntuosos de la ciudad de Buenos Aires, el Alvear, y compuso ciertas letras más recordadas del tango rioplatense de los últimos cincuenta años. “Las tardecitas de la ciudad de Buenos Aires tienen ese qué sé , ¿viste?”, empieza su Balada para un ido, que musicalizó el renovador de las clases de tango, el que lo cruzó con música tradicional y jazz, Astor Piazzolla. “Ya sé que estoy piantao [loco], piantao, piantao, / miro a Buenos Aires del nido de un gorrión; / y a vos te vi tan triste; vení, volá, sentí, / el ido berretín [capricho] que tengo para vos”, prosigue la canción.

De padre uruguayo y madre argentina, nació en Montevideo el dos de junio de mil novecientos treinta y tres, mas de joven partió a Buenos Aires, la urbe a la que dedicó piezas excelentes de su obra como versista tanguero y en la que murió el pasado domingo a los ochenta y uno años. De doble nacionalidad, uruguaya y argentina, afirmaba que no comprendía que hubiera 2 países distintos: “A mí me tocó nacer en el justo medio del Río de la Plata”. Sus máximas obras fueron compuestas para Piazzolla, con quien creó asimismo la operita María de la ciudad de Buenos Aires. Ferrer además de esto encabezó desde su fundación hasta sus últimos días la Escuela de Tango.Horacio Ferrer, en 2013, ante un bandeón utilizado por Piazzolla, en el centro dedicado al artista.

Ya de pequeño componía obras teatrales para títeres. Al concluir la secundaria, empezó la carrera de arquitectura, mas tras 8 años de estudios no la terminó. Mientras trabajaba en Montevideo como secretario en la Universidad de la República y como cronista en el diario El Día. Paralelamente organizaba una emisión de radio llamada Selección de Tangos y conciertos para fomentar nuevas tendencias del género que llegaban desde la otra ribera del Río de la Plata. Creador de la gaceta Tangueando, ya antes de redactar poemas publicó libros sobre esta música declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco. Terminó mudándose a Buenos Aires en mil novecientos sesenta y siete, exactamente el mismo año en que publicó su primer libro de poesías, Romancero canyengue (canyengue era el tango bailado en los suburbios, en contraste con el de salón, más refinado). Fue entonces cuando se transformó en letrista de tango y acompañó a grandes músicos como Piazzolla y Horacio Salgán, con quien compuso el Oratorio Carlos Gardel.

Ferrer supo cultivar asimismo la amistad con uno de los tradicionales del género, Aníbal Troilo, que le solicitó que escribiera la letra de La última grela (grela, término del lunfardo porteño, significa suciedad). Esta canción por último sería musicalizada por Piazzolla, con quien creó asimismo Chiquilín de Bachín, Balada para mi muerte y Juanito Laguna ayuda a su madre. Además de esto formó dupla con otros grandes músicos, como Julio de Costoso y Osvaldo Pugliese.

No fue simple la aventura conjunta de Ferrer y Piazzolla. María de la ciudad de Buenos Aires, que hoy día se representa por todo el planeta, fue un descalabro comercial cuando se estrenó en mil novecientos sesenta y ocho. Balada para un orate fue presentada por año siguiente en el mítico estadio Luna Park, de la ciudad de Buenos Aires, mientras que el público lanzaba monedas contra la orquesta.

En mil novecientos noventa, el Estado argentino creó la Academia de Tango y la puso a cargo de Ferrer. En sus veinticuatro años de existencia, la entidad, que marcha en el Palacio Carlos Gardel, sobre el porteñísimo café Tortoni, ha creado una biblioteca, un liceo superior y un museo. En pareja desde hace 3 décadas con la artista plástica Lulú Michelli, Ferrer afirmaba en su última entrevista con el jornal Página/12 que el “tango es un conjunto de artes y una forma de ser, de vivir; ser tanguero es una forma de deambular por la existencia, incluso sin tocar un instrumento, sin cantar ni danzar, mezcla bohemia, trabajo, ilusiones y formas de querer, tiene un sitio esencial para la amistad”.